Un grupo de indígenas del pueblo de Quisteil y de otros pueblos situados al sudeste de Mérida, llegaron a promover una rebelión para exterminar o expulsar a los españoles. Es poco lo que se conoce de esta rebelión, ya que las fuentes de la época, todas de origen español, se empeñaron en presentar a los indígenas como borrachos y salvajes y a su principal caudillo, Jacinto Canek, como un demente.
La rebelión comenzó el 19 de noviembre de 1761, durante la fiesta dedicada a Nuestra Señora de la Concepción, santa patrona del pueblo de Quisteil, visita del curato de Tixcacaltuyub. En Quisteil se encontraban indígenas y caciques de otros pueblos de la comarca e incluso de lugares tan apartados como Lerma y San Román de Campeche. Es probable que estos últimos participaran en la reunión puesto que existen indicios de que la rebelión se había preparado con mucha antelación. También Jacinto Canek estuvo presente. Después de la reunión, Diego Pacheco, un comerciante blanco fue muerto y al día siguiente una partida de indígenas penetró en la iglesia en el momento preciso en que el sacerdote de Tixcacaltuyub, don Miguel Ruela, oficiaba la misa; sin embargo, el sacerdote pudo escapar hacia Sotuta dando aviso de la rebelión.
El comandante español del partido de Sotuta, capitán Tiburcio Cosgaya, notificó a Mérida sobre la rebelión y de inmediato partió hacia Quisteil al mando de 10 a 15 hombres de caballería y 100 de infantería, con el propósito de restablecer el orden. En la noche del día 20, los indígenas atacaron a la avanzada de Cosgaya a quien dieron muerte al igual que a la mayor parte de su caballería. Este embate hizo comprender al gobernador que se trataba de una rebelión importante y no de un simple motín producto de la embriaguez. Teniendo la generalización de la insurrección en contra de los españoles, el gobernador José Crespo y Honorato ordenó la concentración de las tropas coloniales al mando del general Cristóbal Calderón de Helguera, quien se encontraba acantonado en Tiohosuco. Por su parte, los insurrectos enviaron mensajeros a diferentes pueblos en un intento por propagar su causa. Uno de estos mensajeros fue detenido camino a Maní y se le descubrió una carta.
No se conoce lo que aconteció realmente entre los mayas reunidos en Quisteil después de que el cura Ruela escapó interrumpiendo la misa. La descripción que hizo el jesuita Martín del Puerto al cabildo de Mérida está preñada de una completa parcialidad a favor del clero y con el ánimo evidente de justificar la gran represión desatada en contra de los rebeldes, quienes fueron acusados de idólatras. De acuerdo con esta relación, Jacinto Canek realizó un larguísimo discurso a sus partidarios, mediante la cual los invitó a sacudirse el yugo de los españoles. Pero, según el jesuita, a los religiosos nada más los acusaba de la debilidad con que cumplieron su misión de cristianizar a los indios. Según esta misma fuente, después de su discurso, Jacinto Canek fue llevado al interior de la iglesia y ahí fue proclamado rey, se le colocaron la corona y el manto de la patrona del pueblo y se hizo llamar Jacinto Uc de los Santos Canek Chichan Moctezuma. Para presentarlo como un idólatra se dijo que los indios tomaron balche’ en los cálices, que llevaron unos ídolos a la iglesia y que la virgen fue declarada esposa de Canek.
No cabe duda de que Jacinto Canek se convirtió en el principal cuadillo de la rebelión, pero también hubo varios caciques implicados en el movimiento. Uno de ellos fue Francisco Uex, cacique originario de Tabi, a quien el indígena mensajero detenido señaló como la persona a la cual se había coronado como rey. Un hijo de este cacique fue nombrado jefe del ejército maya, que pudo haber tenido entre 1 200 y 1500 combatientes. Un ejército indígena de esta magnitud, e incluso menor, habría tenido que formarse con la participación de diversos pueblos y prepararse con anticipación. El cacique de Lerma, Miguel Kantún, también fue procesado como rebelde y de acuerdo con la descripción de las entradas de los prisioneros a la ciudad de Mérida otro de los líderes rebeldes fue un h-men, del que se dijo era un hombre anciano de aspecto extraño.
La rebelión de Quisteil no fue un motín de indígenas embriagados, sino un levantamiento organizado por las repúblicas situadas en la frontera sudeste del dominio colonial. Despertó un clima de agitación y angustia entre los españoles y desencadenó una represión despiadada. El 26 de noviembre un ejército de 500 soldados españoles marchó sobre Quisteil que estaba defendidacon trincheras. La superioridad en armamento dio la victoria al ejército español. Canek y otros caudillos escaparon hacia la selva y se defendieron nuevamente en la hacienda Huntulchac pero finalmente cayeron prisioneros en la sabana de Sibac. El pueblo de Quisteil fue quemado y sembrado de sal para evitar que pudiera poblarse de nuevo, mientras que en Mérida se prepararon juicios a los centenares de prisioneros capturados. Jacinto Canek fue ejecutado, para escarmiento de su raza, el 14 de diciembre en un cadalso construido en la plaza principal de la ciudad. Sus huesos fueron rotos con un fierro candente y su carne arrancada con tenazas, posteriormente los restos se quemaron y las cenizas se esparcieron por el aire. Al día siguiente se ahorcó a ocho de los caudillos y sus cuerpos fueron despedazados, mientras que numerosos macehuales fueron castigados con azotes, la pérdida de una oreja y la expulsión de la provincia.
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